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sábado, 16 de enero de 2010

Allí no hay agencias de viaje

En la acera de enfrente hay varias agencias de viaje. Son los únicos comercios abiertos en toda la manzana. Normal. No iba a estar abierta, por ejemplo, la peletería en esta época del año. Con la situación de alerta mundial tras los últimos atentados, parecía que el turismo entraba en crisis, pero no ha sido así. Los humanos tenemos ansias de vivir. Total por cuatro días locos que pasamos por la tierra.

Además, les digo a los fatalistas que no van a ninguna parte por miedo, además siempre puede explotarte un tren al lado cuando estás durmiendo tan tranquila en tu cama, que es lo que me pasó a mí viviendo en la calle Téllez. O te puede caer una maceta en la cabeza al salir a la calle o puedes tropezarte con una baldosa y adiós.

Mejor vivir al día, disfrutar de la compañía y del momento. Por ejemplo, hay dos farolas gemelas muy estilizadas aquí delante que por las noches dan una luz amarilla, muy pálida, para cobijar besos enamorados. Pasa un señor canoso, con coleta, musculosa blanca y sandalias. Pasa una mujer en moto, toda vestida de negro, incluso las gafas y el casco. ¡Parece un escarabajo!

Hoy el cielo está azul, con alguna pincelada de nubes. Más feliz azul si tenemos en cuenta la tormenta de anoche. Por la mañana, en cambio, el cielo se levantó goyezco: nubarrón gris espeso, tridimensional, con fondo azul intenso e hilachas de nubes blancas traspasadas por los rayos del sol. Me gusta el cielo madrileño. ¡Es tan profundo! Como estamos tan lejos del nivel del mar parece que lo tocáramos con las manos.

A vivir pues, que son dos días.
19/08/2004

Calle San Bernardo

La calle San Bernardo desemboca en la Gran Vía. En realidad continúa un poco más, hasta Santo Domingo, pero para mi esos metros no cuentan. Aunque es agosto y la mayoría de los comercios están cerrados, esto es un hervidero de gente. La Gran Vía no descansa en todo el año. Quizás lo que se aprecia es cambio de público. Mientras en Navidades abundan los autóctonos, madrileños bolingas o provincianos despistados, ahora es un desfile de idiomas de Babel. Italianos –sobre todo--, alemanes, yankies, algún francés… con ese desparpajo en la indumentaria que aporta el anonimato del extranjero.

También están los otros, aunque casi se confunden con el paisaje: los ciudadanos del este, las señoritas de allí mismo, los negros espigados y lustrosos de tan al sur que escudriñan a los cuatro puntos cardinales la aparición de la autoridad que les quite el medio de subsistencia/supervivencia. Con sus telas en el suelo y la mercadería pirateada.

Junto a los comercios tradicionales para turistas, durante los últimos años han florecido otros, brazos de cadenas internacionales –antes llamados trush— que junto con los Mac Donnalds’ dan al conjunto un aire de no importa donde estoy, esto es como en casa.

La Gran Vía tiene una ventaja adicional para mí, es un resumen de Buenos Aires: a nivel de calle es como pasear por Corrientes, ese referente de la ciudad, con cines, librerías, pizzerías. Al subir la vista me viene a la memoria la Avenida de Mayo, tan de la época colonial, monumental, decimonónica. Las cúpulas no cambian. Los balcones tampoco, Aunque los camuflen de plástico y neón por abajo.

Ya no la siento mía a esta Gran Vía madrileña. Está guapa, sí, pero tan otra, con nuevas aceras y farolas que han cambiado su fisonomía.
17/08/2004

Mesón "O'Luar"

Mesón “O’Luar”… Luna lunera para soñar. Este mesón no pega para nada con el edificio en el que está enclavado: gris, geométrico, ángulos rectos, miles de ventanas estrechas. Sólo hay algo de color apenas rojo y más azul de una aseguradora, “Reale”, que quita las ganas de soñar: decesos, multirriesgo hogar, accidentes… O’Luar es un refugio casi subterráneo. Si. Decididamente se trata de no mirar para arriba ni desde la acera de enfrente, porque en la puerta hay un farolillo la mar de resultón.

Agosto es para soñar y seguro que aquí por la noche, desde O’Luar y con la farola alumbrando, quieta la calle, consigues transportarte un instante hacia tus sueños.

Luna lunera… esta semana fue la noche más estrellada del año, pasó un cometa del que no recuerdo el nombre y se pudo ver de muchos sitios, aunque no desde Madrid: mucha luz de neón y tormenta de verano.
12/08/2004

¡Ah! Cuántas botellas

¡Ah! Cuántas botellas. En Mantequería “Lafuente” los escaparates están ocupados de lado a lado, de arriba a abajo. Qué afán por la geometría: cada botella está repetida por triplicado. Da sensación de abundancia. Busques lo que busques siempre lo encontrarás, están bien surtidos. Lo que más abunda son las botellas de vino, pero también venden whisky y cervezas.

¡Todavía tienen los precios en pesetas! ¡Pero quién compra aquí, que hace la cuenta en pesetas! Viejecitas no serán, digo yo.

Serán ejecutivos de etiqueta que gustan de comprar en las tiendas de siempre, como su padre, su abuelo. Ejecutivos que pese al traje gris o que no lo sea tanto, quieren olvidar su mundo para la cena. Ejecutivos organizados y responsables que gustan del orden, como el de esas botellas de las estanterías de los escaparates. Después, ya en casa, prescindirán de uniforme para una cena romántica: las velas, las copas y el vino Viña Ardanza, a 16,70 euros.
10/08/2004

Esquina de barrio

Esquina de barrio. Quedan pocos barrios o ya no lo son tanto como antes. Las costumbres se superponen: “Lencería Pérez”, Mantones de Manila. ¡Un sex shop! Hace veinte años había que viajar a Londres. En realidad es un bar “Top Less” y se llama “París”. ¿Cómo será por dentro? ¿Una barra americana? ¡Vaya mezcla de nacionalidades! Por fuera las ventanas y la puerta imitan el estilo oriental, la parte de arriba acaba como sombrerito redondeado con una punta. Tienen rejas, como conchas superpuestas formando una celosía.
Al lado del top less hay un bar que parece de los de siempre, con anuncio de La Casera incluido. Hace años caminé mucho por estas calles, fue cuando vivía 200 metros más arriba. Pero no recuerdo este top less. Seguro que entonces no estaba. ¿Cuántos años llevará abierto? ¿Tendrá muchos clientes? ¿Serán madrileños o turistas? ¿Será un sitio cutre o lujoso? Para lujo, no han escogido bien el barrio. Las columnas de mármol de la entrada son un poco pretenciosas.
Es estrecho —lo que da de sí la entrada— pero alargado. Tiene siete ventanas en el lateral, claro que las apariencias a veces engañan. ¿Cómo será, cómo será?
05/08/2004